10 de marzo de 2011

Etnografía Digital

 

Mi interés al escribir sobre la etnografía digital nace por tratar de entender el concepto, explorando un poco en su significado y relacionándolo con la influencia que, hoy en día, tiene en la reforma educativa y en nuestro caso, en la enseñanza de lenguas extranjeras. Comencé por leer artículos de interés, publicaciones, opiniones a favor y en contra, mirar vídeos de conferencias en torno al tema; y esto me hizo pensar que quizás no sea una cuestión de escepticismo distante sino que debemos darnos cuenta de que es un factor en movimiento que está sin duda a nuestro alrededor, que como individuos lo utilizamos día a día y al cual, la mayoría de las veces, damos vida sin saberlo. En la información que encontré hubo dos elementos que llamaron mi atención: una cita, del profesor investigador Juan Freire (Universidad de A Coruña) que me gustaría compartir con el grupo, en primer lugar porque creo firmemente estamos incluidos en este escenario de cambio educativo y, en segundo término, porque si aún no nos sentimos parte de él, es importante saber cómo nuestros objetivos de enseñanza actuales tendrán una correlación y una evolución directa con este fenómeno. El segundo elemento es un vídeo de una conferencia del autor británico Sir Ken Robinson respecto al cambio en los paradigmas de la educación en el siglo XXI que aparece el final de este texto. 

Comenzaré con la cita de Juan Freire: “La emergente cultura digital representa un nuevo paradigma en que se modifican prácticas, valores y organizaciones y en particular los procesos de producción y uso de conocimiento. Esta transformación genera una necesidad de cambio en las instituciones de educación superior desde modelos pedagógicos de transmisión masiva y estandarizada de contenidos a otros basados en procesos y competencias en que los objetivos sean «aprender a aprender», el desarrollo de pensamiento crítico y capacidades de innovación y colaboración.” En mi opinión, el cómo aprendemos está directamente traducido a los métodos de enseñanza que empleamos; sin embargo, el qué podemos hacer para que los individuos cambien su percepción de la manera en la que enseñan no es tarea fácil. Pensemos en cómo los profesores comienzan a plantearse cambios fundamentales a procesos a los que llevan ya bastante tiempo acostumbrados y que quizás por falta de estrategias e información les han negado la posibilidad de un cambio. Todo es cuestión de reparar en el impacto que, en un primer plano, la etnografía digital (utilización de tecnologías digitales para crear interacción social) tiene en la vida diaria de los alumnos y los profesores, al igual que en el impacto similar que esto puede tener en la forma en la que percibimos la educación. No son únicamente los profesores, los que plantean cosas nuevas en el aula, sino que el convivir con los estudiantes día a día con los nuevos enfoques y las nuevas inquietudes que éstos nos transmiten, nos lleva a plantearnos una mirada a esta reforma educativa. Los materiales para hacerlo están ahí, al hablar de tecnologías de la información, nuevos conceptos y recursos electrónicos: universidades digitales, e-learning, e-books, redes sociales, smart boards, audio libros, podcasts, cámaras digitales, smartphones, netnography, etc; sin embargo, la clave está en saber utilizarlos y transmitir esta información a los alumnos. Buscar la forma si no ideal: eficaz de hacerlo, pues muchas veces podemos caer en la resistencia al cambio. Si bien hoy en día el reto está, creo yo, en saber: filtrar la reforma digital a través del espacio educativo del aula, lo que sí podemos afirmar es que nos encontramos inmersos en una puesta en práctica dentro de este ecosistema de información al que se refiere Joaquín Rodríguez en su artículo "Tecnología y educación: la era de los polialfabetismos y la participación"; ya que como todo es relativamente nuevo no sabemos hasta qué punto funcionará pero lo que sí sabemos es que la incursión de esta información está produciendo un cambio del que ya somos parte y por el cual sin duda vale la pena arriesgarnos a aprender.

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