11 de marzo de 2013

Embarcarse en la web 2.0


Hace unos días escuché una frase que me pareció lindísima. Cuando quise citarla en un documento que estaba escribiendo, reparé en que no tenía ni la más mínima idea de quién la había dicho. Me dispuse entonces a consultárselo a San Google y el resultado fue, por decir lo menos, curioso.

Primero realicé la búsqueda de la frase en español, porque en esa lengua me llegó a mí. El buscador me propuso desde foros en los que se discutía sobre la frase, hasta documentos en pdf en que ésta era aludida. Pero aún seguía sin conocer a su autor. Decidí traducirla al inglés para poder rastrearla mejor. Mi sorpresa no fue poca cuando la frase era atribuida a gente tan diversa como Paulo Coelho (escritor brasilero), William Shedd (teólogo estadounidense), Grace Hopper (matemática y militar estadounidense) y Benazir Bhutto (política pakistaní). 

 Eduard Torrelles  
Cada nueva búsqueda traía más interrogantes que respuestas. Estaba siendo totalmente incapaz de encontrar lo que estaba buscando. Cuando me sentí a punto de naufragar en la marea inasible de la web recordé la frase que me condujo a esta travesía: “El barco se siente seguro en el puerto, pero no fue construido para eso”.  

Primero pensé en lo importante que es que nuestros estudiantes tengan las herramientas necesarias para salir a navegar el océano de la información. Posiblemente esas herramientas estén relacionadas con el hecho de que seamos conscientes de cuán variada es la información que se encuentra en el world wide web y que, por tanto, habrá unos sitios más fiables que otros para según qué propósitos.  El carácter heterogéneo de la información no puede coartar nuestras ganas de salir a navegar. Sin embargo, como en cualquier otro viaje en el que se surcan los mares, lo importante es tener bien claro desde dónde partimos y adónde quisiéramos llegar, aunque muy posiblemente la travesía termine conduciéndonos a un puerto que no habíamos previsto.

Luego pensé en algo que ahora me parece más complejo. En muchas ocasiones, pareciera ser que en la web 2.0 la noción de autor se ha diluido en el tramado de unos y ceros. Ahora los usuarios tenemos la posibilidad de crear nuestro propio contenido y compartirlo con el mundo, pero eso no implica que le quitemos el mérito a quienes ­muchas veces sin haber sido consultados ­han aportado sus frases célebres, sus pensamientos e incluso sus fotografías para que, por ejemplo, nuestro blog se vea más atractivo.

No hay duda de que uno de los principios de la web 2.0 es compartir. Siguiendo ese mismo principio, deberíamos hacer explícitas las fuentes de las que hemos recogido información. Por lo tanto, reconocer el mérito ajeno en el trabajo propio también es una forma de compartir y de crear una comunidad de conocimiento que aprecie el esfuerzo individual y grupal: una colectividad de autores en diálogo constante.

                                                                                  

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