20 de marzo de 2012

La inmortalidad en los videojuegos: una ventaja para el aprendizaje de lenguas.


En el campo de la enseñanza de segundas lenguas y lenguas extranjeras, el error ha pasado de ser considerado un enemigo a desterrar a un valioso aliado, en la medida en que posibilita el aprendizaje. A pesar de todo, nos seguimos encontrando con el miedo de los aprendientes a cometer errores. ¿Por qué? En última instancia, la mayoría de los seres humanos tendemos a ser cuidadosos en muchos contextos: cometer errores puede ser peligroso. Un error puede ser fatal.


El miedo al error es un mecanismo de protección.

Sin embargo, los creadores de videojuegos se han dado cuenta de que los jugadores parecen no temer a nada en sus universos virtuales. Incluso, se ha detectado que morir, en esos entornos ficticios, puede provocarles placer en determinadas circunstancias. Analizando esta paradójica situación (siempre se había considerado que lo principal en un juego era la sobrevivencia, la victoria, el pasar de un nivel a otro hasta alcanzar el final, el éxito), han descubierto que mucha gente intenta llevar los juegos hasta sus límites, explorando y probando todo lo que dan de sí. Cuando, en el proceso de búsqueda de los límites, encuentran la muerte, es una especie de recompensa a su curiosidad: han alcanzado una especie de frontera no planificada por los programadores. Poco a poco, los creadores han comenzado a prestar atención a este descubrimiento y han decidido premiar a los intrépidos exploradores con muertes violentas, bizarras, ridículas o inesperadas: una especie de guiño a su constancia.

Y después de morir, los aventureros siguen jugando en busca de más aventuras.

Porque en los videojuegos, después de todo, se es inmortal.

Y es precisamente esta una de las varias razones por las cuales los videojuegos pueden constituir una poderosa herramienta educativa. El potencial para el aprendizaje de segundas lenguas es indiscutible, sobre todo si pensamos en términos de autonomía. El miedo al error, como es sabido, genera ansiedad en los aprendientes, y esa ansiedad dificulta una adquisición satisfactoria. Pero como en los videojuegos la muerte no importa, el error no importa (de hecho, es bueno cometer errores), el jugador / aprendiente, si el universo en el que se sumerge logra motivarlo (y eso es otro asunto fundamental, pero que queda para otro momento), intentará llevarlo al límite, explorando todo lo posible, experimentando, divirtiéndose, superando retos y, lo mejor, aprendiendo en el proceso.

 Y si muere algunas veces por el camino, la verdad es que no importa demasiado.



                        James Paul Gee, de la Arizona State University, habla sobre la relación entre
                        videojuegos y educación. Su libro What Video Games Have to Teach Us About 
                        Learning and Literacy es una referencia imprescindible.

1 comentario:

  1. Muy interesante la similitud que encuentras entre la muerte y el error. Me ha gustado mucho tu artículo.

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